Philippe Aghion, premio Nobel de Economía 2025, estima que la inteligencia artificial sumará entre 0,68 y un punto porcentual al año a la productividad de las empresas durante la próxima década. El economista hizo estas declaraciones este martes en un encuentro organizado por el Cercle d'Economia, la Iniciativa per la Productivitat i la Innovación (IPI) y el Barcelona Supercomputing Center (BSC).
Aghion, que compartió el galardón con Joel Mokyr y Peter Howitt por sus investigaciones sobre innovación, conocimiento y crecimiento económico a largo plazo, situó este impulso en una escala comparable a la que dejaron la revolución informática y las revoluciones industriales anteriores. Tras esa primera década de aceleración, el crecimiento de la productividad volvería a los ritmos actuales, con una ganancia residual estimada en 0,3 puntos porcentuales anuales.
La automatización como motor, no como amenaza
El economista atribuye este crecimiento a la automatización de tareas en la producción de bienes y servicios. Cuanto mayor sea la proporción de tareas que la IA asuma, mayor será el impacto final sobre la productividad. Aghion subrayó que el incremento no será inmediato ni uniforme, sino que dependerá del ritmo de adopción en cada sector y empresa.
Sobre el empleo, Aghion se mostró explícitamente optimista. A su juicio, la destrucción de puestos de trabajo que la IA pueda provocar quedará compensada por la creación de nuevo empleo derivada del aumento de la productividad. "La IA puede sustituir tareas, pero hay creación de empleo porque las empresas que la usan son más competitivas y productivas, y tienen mayor demanda de su producto", explicó durante el encuentro barcelonés.
El único riesgo que Aghion identifica en este proceso no es estructural sino temporal: que la destrucción de empleo llegue antes que la creación. Por eso, el Nobel insistió en la necesidad de establecer un sistema de protección para las personas que puedan perder su trabajo en la transición, sin concretar qué forma debería tomar ese mecanismo ni quién debería articularlo.
Regulación: necesaria, pero sin ahogar
Aghion respaldó la existencia de regulación sobre la inteligencia artificial, aunque con una advertencia clara: si la normativa resulta demasiado compleja o restrictiva, las empresas optarán por operar desde territorios con marcos legales más laxos o inexistentes. El economista señaló que la normativa "siempre va por detrás de la tecnología" y alertó del riesgo de que Europa acabe con un corpus legal de 1.000 páginas que funcione más como barrera de entrada al sector que como garantía de seguridad.
Este diagnóstico conecta con un debate que lleva años instalado en el ecosistema tecnológico europeo: la tensión entre la voluntad regulatoria de Bruselas y la necesidad de no frenar la competitividad del continente frente a Estados Unidos y China, donde las reglas son distintas y la inversión en IA sigue creciendo a un ritmo muy superior.
Europa necesita su propia IA
En el apartado de política industrial, Aghion fue directo. La Unión Europea necesita desarrollar su propia inteligencia artificial, sus propios centros de datos y su propia capacidad de producción de semiconductores y tecnologías de transmisión. "Es algo que debemos hacer. Durante un tiempo debemos usar los sistemas de China, Estados Unidos o India, pero hay que empezar a tener los nuestros", afirmó.
Esta apuesta por la autonomía estratégica tecnológica de Europa no es nueva en el discurso político comunitario, pero adquiere otro peso cuando la formula un Nobel de Economía cuya investigación se centra precisamente en cómo el progreso tecnológico determina el crecimiento a largo plazo. La dependencia de infraestructuras y modelos desarrollados fuera del continente supone, a su juicio, un riesgo que Europa no puede diferir indefinidamente.
No se ha detallado en qué plazo concreto Aghion considera que Europa debería alcanzar esa autonomía tecnológica, ni qué inversión pública o privada requeriría el proceso.
