La inteligencia artificial está reordenando el mercado laboral sin eliminar el papel de las personas. El último informe del Barómetro PIMEC-UOC señala que las empresas catalanas buscan profesionales capaces de combinar competencias digitales avanzadas con capacidades humanas difíciles de automatizar. En 2024, las soft skills aparecieron en casi el 90% de las ofertas de trabajo en Cataluña, según recoge la fuente. El dato marca un cambio de enfoque: el perfil más valorado ya no es solo técnico, sino híbrido.
El informe plantea una lectura distinta al temor extendido de que la IA destruye ocupación. La tecnología aparece como un catalizador de nuevas oportunidades cuando los profesionales saben incorporarla a su actividad diaria. La clave no está únicamente en dominar herramientas, sino en integrarlas con criterio, formular mejores preguntas y convertir los resultados generados por la máquina en decisiones útiles para cada organización.
El perfil híbrido gana peso
Carlos González-Reyes, director del UOC Skills Lab, resume este cambio como el paso hacia “un modelo de decisión aumentada, no sustituida”. La IA automatiza tareas, pero al mismo tiempo hace más visibles las capacidades que no aporta por sí sola: juicio, contexto, liderazgo, aprendizaje, comunicación y criterio profesional. En ese escenario, las competencias personales dejan de ocupar un lugar accesorio.
González-Reyes señala que el nuevo informe del barómetro muestra que las competencias personales “han dejado de ser complementarias para convertirse en esenciales”. El fenómeno resulta más evidente en entornos de cambio constante e incertidumbre, donde las organizaciones necesitan equipos capaces de interpretar información, coordinarse y resolver problemas complejos sin depender exclusivamente de respuestas automatizadas.
El cambio tampoco se limita a los puestos directivos. Las competencias personales ya se reclaman también en perfiles técnicos y operativos. La fuente subraya que la resolución de problemas complejos exige profesionales capaces de trabajar de forma transversal, colaborar con otros equipos y tomar decisiones en contextos donde conviven personas, datos y sistemas inteligentes.
Directivos con gestión y tecnología
El nuevo directivo debe combinar capacidades de gestión con competencias digitales avanzadas. Este requisito ha aumentado un 46,42% en las vacantes, según el Barómetro PIMEC-UOC. La evolución apunta a una dirección menos centrada en el control y más orientada a la gestión de relaciones, la coordinación de equipos y la comprensión de necesidades emocionales dentro de las organizaciones.
González-Reyes advierte de que el trabajo es ahora “más transversal, colaborativo y orientado a la resolución de problemas complejos”. Esa transformación obliga a los perfiles de mando a comprender la tecnología, pero también a sostener conversaciones, generar confianza y tomar decisiones con impacto humano. La IA puede acelerar análisis y procesos, pero no sustituye la responsabilidad de interpretar sus recomendaciones.
La productividad aumentada cambia el trabajo
La IA se consolida como una nueva compañera de trabajo en un contexto de productividad aumentada. Los profesionales tendrán que saber incorporar sus recomendaciones con una mirada crítica. Según González-Reyes, el valor del profesional no estará tanto en crear desde cero, sino en saber formular buenas preguntas, definir problemas y dar sentido a los resultados que genera la tecnología.
Entre las habilidades más demandadas aparece el prompt engineering, entendido como la capacidad de hablar con la máquina, plantear instrucciones precisas y delimitar problemas. No se trata de una competencia aislada ni reservada a especialistas técnicos. La fuente la vincula con una actitud activa ante la IA: probar, ajustar, pedir aclaraciones e introducir restricciones cuando la respuesta no encaja.
El pensamiento crítico emerge como una de las competencias con más futuro. Su importancia reside en la capacidad de validar lo que genera la máquina, detectar errores y evitar sesgos. La IA puede producir respuestas rápidas, pero el profesional debe decidir si son correctas, útiles y pertinentes. Ese filtro humano se vuelve especialmente relevante cuando la tecnología produce contenido sintético o recomendaciones basadas en patrones.
Aprender a aprender
La inteligencia emocional y el liderazgo también ganan protagonismo. Las empresas buscan profesionales capaces de gestionar emociones, comunicar con eficacia y generar confianza en entornos donde la tecnología forma parte de los flujos de trabajo. La convivencia entre personas e IA exige una nueva forma de coordinación: más diálogo, más criterio y más capacidad de adaptación.
González-Reyes sostiene que un buen uso de la IA implica diálogo. La describe como “un compañero de trabajo que puede ayudarnos en todo”, siempre que se le den instrucciones precisas, se lea su respuesta con criterio profesional y se corrija activamente cuando se desvía o incurre en “alucinaciones”. La primera respuesta rara vez será la mejor, por lo que el proceso incluye ajustar encargos, pedir aclaraciones y revisar resultados.
La fuente precisa que no se reclaman conocimientos avanzados de programación. Sí se exige, en cambio, una actitud de prueba y error y una capacidad permanente de aprendizaje. La competencia de aprender a aprender, vinculada al ‘lifelong learning’, se sitúa entre las habilidades más buscadas porque permite adaptarse a herramientas, procesos y entornos laborales que cambian de forma acelerada.
Sectores más allá de la tecnología
La IA toma impulso en sectores que van más allá de los ámbitos puramente técnicos. La fuente menciona el sector legal, los recursos humanos y el márquetin digital personalizado. La capacidad de la tecnología para tratar datos e identificar patrones está favoreciendo nuevas aplicaciones en áreas donde el criterio humano sigue siendo imprescindible.
En márquetin digital personalizado, la eficiencia de la IA en el tratamiento de datos permite identificar patrones y ajustar mensajes. En el ámbito legal, la introducción de tecnología hace necesarios perfiles como los consultores éticos, encargados de aplicar pensamiento crítico para validar contenido sintético. En HR Tech, las empresas buscan personas capaces de integrar la IA en flujos reales de trabajo para ahorrar tiempo y reducir errores.
La creatividad humana tampoco desaparece. Según González-Reyes, se transforma. La IA generativa puede producir contenidos a partir de patrones existentes, pero la creatividad humana aporta intención, criterio, contexto y capacidad para generar ideas realmente nuevas o relevantes. La creatividad se desplaza así hacia una dimensión más estratégica y conceptual.
El Barómetro PIMEC-UOC dibuja, en conjunto, un mercado laboral donde la ventaja no estará en competir contra la IA, sino en trabajar mejor con ella. El perfil híbrido concentra esa transición: profesionales con competencias digitales, pensamiento crítico, inteligencia emocional y capacidad de aprendizaje continuo. No se ha detallado en la fuente el número total de ofertas analizadas, el calendario de publicación del informe ni el desglose por sectores.
