Alicia Rubio y Samuel Baixauli serán los protagonistas de la segunda vuelta de las elecciones al Rectorado de la Universidad de Murcia (UMU), después de imponerse en la primera vuelta celebrada este martes. Rubio obtuvo el 26,78% del voto ponderado, mientras que Baixauli sumó el 23,97%, situándose como las dos opciones con mayor respaldo de la comunidad universitaria. El próximo martes, 28 de abril, se celebrará el duelo definitivo entre ambos.
Los tres candidatos que se quedan fuera
Los otros tres aspirantes al Rectorado no lograron superar la barrera de acceso a la segunda vuelta. Senena Corbalán fue la más próxima a los finalistas, con un 21,65% de los apoyos. Tras ella, Alfonsa García alcanzó el 14,11% y Guillermo Díaz cerró el recuento con el 13,49% de los votos. La distancia entre Rubio y el último clasificado supera los trece puntos porcentuales, lo que revela un escenario fragmentado en el que ninguna candidatura logró consolidar una mayoría clara en la primera vuelta.
La redistribución del voto de los tres candidatos eliminados —especialmente el de Corbalán, con su 21,65%— convierte la segunda vuelta en un escenario completamente abierto. Rubio parte con una ventaja real pero no determinante: apenas 2,81 puntos separan a ambos finalistas.
Cómo funciona el voto ponderado en la UMU
El modelo de elección al Rectorado de la Universidad de Murcia se basa en un sistema de voto ponderado por sectores, que asigna distinto peso a cada grupo de la comunidad universitaria. El personal de los cuerpos docentes universitarios funcionarios y el profesorado permanente laboral —denominado Grupo A— concentra el 51% de la representación total, lo que le convierte en el sector con mayor capacidad de influencia sobre el resultado. El estudiantado (Grupo C) aporta el 27%, mientras que el personal técnico, de gestión y de administración y servicios (Grupo D) suma el 18%. El resto del personal docente e investigador (Grupo B) completa el reparto con un 4%.
Este sistema explica por qué la participación real en votos emitidos no equivale directamente al resultado ponderado: los votos del Grupo A tienen un peso determinante, y ese sector registró la mayor movilización de toda la jornada, con un 88,97% de participación. El Grupo D también mostró una implicación elevada, con un 82,89% de los convocados ejerciendo su voto.
En el extremo opuesto, el estudiantado —el grupo más numeroso del censo con 26.168 alumnos oficiales y 1.465 no oficiales— apenas alcanzó el 19,64% de participación, lo que limita considerablemente su peso real en el resultado final pese a representar más de una cuarta parte del voto ponderado. El Grupo B registró una participación intermedia del 48,88%.
Más de 32.000 personas convocadas a las urnas
En estas elecciones, en las que también se eligió el Claustro universitario, estaban convocadas 32.251 personas. El censo incluía a 3.385 miembros del PDI, 1.223 trabajadores del PTGAS y cerca de 27.600 estudiantes entre oficiales y no oficiales.
La participación global al cierre de la jornada fue del 25,96%, una cifra que responde al patrón habitual en este tipo de procesos dentro del sistema universitario español: alta movilización entre el profesorado funcionario y el personal de gestión, y abstención mayoritaria entre el alumnado.
Qué pasa ahora
El resultado del 28 de abril determinará quién liderará la Universidad de Murcia durante el próximo mandato. No se ha detallado cuál es la duración exacta del mandato ni qué mecanismo se aplicará en caso de resultado muy ajustado en la segunda vuelta. Tampoco se han hecho públicos los detalles de los programas electorales de Rubio o Baixauli en el marco de esta información.
Lo que sí está claro es que la segunda vuelta se jugará, en buena medida, en la capacidad de cada candidatura para atraer el voto de los electores de Corbalán, García y Díaz —que suman conjuntamente casi el 50% del voto ponderado— y en la posible variación de la participación en un censo que, con 32.251 personas convocadas, tiene todavía margen considerable de movilización.
