La Universitat Oberta de Catalunya (UOC) ha puesto bajo la lupa el impacto de la inteligencia artificial (IA) en los contenidos digitales y cómo la brecha de confianza entre usuarios, creadores y plataformas podría impulsar una nueva tendencia: el sello de “contenido sin IA” como distintivo de valor.
Un mercado saturado y desconfiado
A pesar de que el 66% de la población usa herramientas de IA de forma habitual, menos de la mitad confía completamente en sus resultados, según datos citados por expertos de la UOC. Además, el 76% de los usuarios considera importante saber si un texto, imagen o vídeo ha sido creado por una IA o por una persona, una señal de que la transparencia y la autoría son ahora ejes centrales de la calidad percibida.
Experiencia humana como valor diferencial
Ante este escenario, profesores como Ferran Lalueza, de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC, advierten de que pronto podríamos asumir que la mayoría de los contenidos cotidianos han sido generados con IA “salvo aquellos provenientes de fuentes que hagan bandera de la autoría humana”.
Los algoritmos de búsqueda y las plataformas digitales, bajo criterios como el EEAT (experiencia, conocimiento, autoridad y confianza), están empezando a priorizar contenidos con mayor evidencia de autoría humana, lo que podría traducirse en mejor visibilidad y reputación para aquellos que apuesten por la creación sin IA.
Sellos y certificaciones ya emergentes
El movimiento hacia identificar contenidos producidos exclusivamente por personas no es teórico: ya existen iniciativas como sellos de “Organic Literature” o certificaciones gráficas que garantizan la ausencia de IA en obras literarias, imágenes o creados para videojuegos. Esto refleja una tendencia más amplia que está surgiendo en sectores creativos y comunicativos, donde la autenticidad y la responsabilidad ética son cada vez más valoradas por el público y las plataformas.
El equilibrio entre eficiencia y autenticidad
No obstante, los expertos advierten que esta etiqueta puede tener un valor temporal. Según Lalueza, decir que un contenido no ha usado IA “puede tener un valor a corto plazo, pero en el péndulo del tiempo no se entenderá como artesanal, sino como poco eficiente”. Esto pone de manifiesto un desafío clave: encontrar el equilibrio entre los beneficios productivos que ofrece la IA y el valor añadido que genera la creación humana genuina.
¿Punto de inflexión o moda pasajera?
Aunque la discusión está en sus fases iniciales, hay consenso en que la transparencia sobre los procesos de creación y la claridad sobre quién está detrás de un contenido será un factor cada vez más influyente en la percepción de calidad. Para creadores, medios y marcas, esto abre una nueva frontera en la diferenciación editorial y de reputación digital en un ecosistema cada vez más competitivo.

