El importe de la ayuda aprobada es de 0,20 euros por cada litro de gasóleo en los suministros realizados entre el 22 de marzo y el 30 de junio de 2026, ambos inclusive.
A la finalización de cada mes natural, la Administración competente calculará el importe de la ayuda, con el mismo sistema utilizado para la devolución del gasóleo profesional, y procederá al pago de esta.
Pues bien, esto es lo que dice la norma y, en base a ella, los transportistas deberían haber cobrado, a estas alturas, las ayudas correspondientes a los consumos de 10 días de marzo; 30 días de abril y 31 días de mayo. Total 71 días.
Esto, para cualquier empresa, supone mucho dinero y su no percepción la obligará a endeudarse para poder seguir trabajando.
Si bien el retraso en la percepción de las ayudas resulta indignante, más aún lo es que, a estas alturas, no se sepa cuándo se van a cobrar ni si habrá una limitación de las cuantías a percibir, pues necesitan el beneplácito de la Unión Europea y todavía no se ha obtenido.
Claro, este Gobierno está en otras cosas menos en resolver los problemas cotidianos del ciudadano y de la empresa.
En cuanto a las ayudas directas por vehículo de 1.500 euros, similares a las que se arbitraron durante el conflicto de Ucrania en 2022 y comprometidas con el Comité Nacional de Transportes por el ministro Óscar Puente, ni están ni se las espera, que diría el general Sabino Fernández Campo.
¿Cómo es posible que se aprueben unas ayudas por el Gobierno de España sin saber que están condicionadas al visto bueno de Bruselas? O, lo que es peor, si se conocía, ¿por qué no se advirtió de este extremo al sector? ¿Fue por miedo a que se liara parda con un paro nacional como ocurrió en 2022?
Sea por lo que fuere, el sector no se merece lo que le está ocurriendo ni tampoco se merece a los responsables que lo gobiernan.
Veamos otro ejemplo. Pere Navarro afirmó hace unos días, en relación con la escasez de conductores: «Hay que pagar mejor, punto». Con esta frase dio la solución al gravísimo problema que se atraviesa en toda Europa.
En Alemania, Francia o Reino Unido, cuyos salarios son más elevados que los de España, también hay escasez de conductores. Faltan 500.000 profesionales en toda la Unión Europea, según la IRU. Este genio ha dado, al parecer, con la solución.
Se podría aplicar el cuento y contratar a más examinadores para que Tráfico no sea el cuello de botella que impide obtener en un tiempo razonable el permiso de conducir.
Entre listillos y tontos, no creo que se vayan a resolver los problemas del sector.
