La Escuela del Clima de Columbia ha descubierto que la fotosíntesis de los árboles no implica necesariamente su crecimiento. El hallazgo procede de un estudio sobre robles publicado en la revista Science Advances. El trabajo, liderado por el ecoclimatólogo Mukund Palat Rao, analizó la actividad de estos árboles en el este de Estados Unidos y en California. La conclusión apunta a que los bosques podrían almacenar menos carbono del esperado.
El equipo de Columbia detectó una disociación clave en el comportamiento de los robles. Estos árboles realizan la fotosíntesis hasta bien entrado el año, pero su crecimiento se detiene a mediados del verano. Hasta ahora se daba por hecho que ambos procesos iban de la mano. La investigación demuestra que no es así y que una mayor absorción de CO2 no se traduce automáticamente en más madera.
Más fotosíntesis no es más madera
Rao resume el giro con contundencia. "Actualmente, la mayoría de los modelos asumen que si hay fotosíntesis, hay crecimiento. Hemos descubierto que no es así", afirma el autor principal. El investigador del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty insiste en que más fotosíntesis no implica necesariamente un mayor crecimiento de los árboles en el futuro.
Los datos del estudio cuantifican esa brecha. En los sitios del este de Estados Unidos, los robles crecieron de mayo a julio, aunque siguieron fotosintetizando hasta octubre. Aproximadamente el 36% de toda la asimilación de carbono se produjo después de que el crecimiento se detuviera a finales del verano.
Los robles de California repitieron el patrón con matices. Crecieron de diciembre a abril, pero el crecimiento se ralentizó a mediados del verano y cesó en agosto, mientras la fotosíntesis continuaba. Alrededor del 26% de la absorción anual de carbono de esos árboles ocurrió una vez frenado el crecimiento.
Qué pasa con el carbono que sobra
El estudio aclara que el carbono absorbido tras detenerse el crecimiento no desaparece. Una fracción impulsa el crecimiento del año siguiente, mientras que el resto se destina a nuevas hojas y raíces o se oxida para mantener vivas las células durante el invierno. Ese carbono no llega a la biomasa leñosa, que es la que actúa como sumidero a largo plazo y puede retener el carbono durante décadas, siglos o milenios.
Rao vincula el fenómeno a la falta de agua. Cuando el agua escasea, los árboles pierden la presión interna que necesitan para crecer. "En cuanto se dan las condiciones secas y calurosas, la actividad de crecimiento se detiene casi instantáneamente, mientras que la fotosíntesis parece continuar a un ritmo ligeramente menor", recalca el ecoclimatólogo.
Satélites, sensores y anillos de crecimiento
El equipo de Columbia combinó varias fuentes para llegar a estas conclusiones. Utilizó imágenes satelitales que detectaban la fotosíntesis en 137 sitios del este de Estados Unidos y California, instrumentos con mediciones horarias de CO2 en la copa de los árboles y sensores en el tronco capaces de registrar en tiempo real las mínimas fluctuaciones de tamaño. También recurrió a registros de anillos de crecimiento y a datos de temperatura desde 1950.
El hallazgo de Columbia tiene implicaciones climáticas directas. Muchos investigadores habían previsto que el aumento del CO2 atmosférico potenciaría la fotosíntesis y el crecimiento de los árboles, almacenando así más carbono. La disociación observada sugiere que esas proyecciones deben revisarse, sobre todo en un mundo más cálido y saturado de CO2.
Los investigadores observaron además que la disociación entre fotosíntesis y crecimiento se acentúa en los años de mayor variabilidad climática local, con oscilaciones entre periodos de sequía y humedad. Prevén que ese patrón sea cada vez más frecuente a medida que cambie el clima.
El equipo de Columbia ya estudia si esta disociación se reproduce en otras especies, ecosistemas y regiones, donde prevé que se manifieste en distinto grado. No se ha detallado la cantidad exacta de carbono que los robles almacenan a largo plazo frente a la que liberan en plazos más cortos.
