DECLARACIONES

Ken Griffin vuelve a casa deprimido: la IA reemplaza a sus doctorados

Ken Griffin, CEO y fundador de Citadel

El director de Citadel vio en su propia oficina cómo agentes de IA completaban en horas trabajos que equipos de PhD tardaban meses. Lo que le deprimió un viernes ya es la nueva normalidad del sector.

Ken Griffin, director de Citadel —uno de los fondos de cobertura más rentables del mundo—, ha revelado que la IA agéntica ya ejecuta en su firma trabajos que antes requerían equipos de profesionales con másters y doctorados en finanzas durante semanas o meses. Los agentes lo hacen en horas o días. Griffin lo presenció dentro de sus propias instalaciones y volvió a casa un viernes "bastante deprimido".

La frase que lo sintetiza todo la pronunció el propio Griffin: "Estos no son trabajos de cuello blanco de nivel medio. Son trabajos de altísima cualificación que están siendo automatizados por IA agéntica". El director de Citadel no habla de proyecciones ni de escenarios hipotéticos. Habla de lo que ya ocurre en su propia organización.

Un cambio de escala, no de ritmo

Griffin describió lo que ha ocurrido en los últimos meses como un salto funcional en la productividad del ecosistema de IA: no una mejora gradual, sino una ruptura. La tecnología es, según sus palabras, "profundamente más potente" que hace apenas nueve meses. Ese salto ha permitido a Citadel desplegar un abanico mucho más amplio de casos de uso en sus operaciones internas.

El patrón que describe es concreto: trabajos que antes consumían años-persona se completan ahora en días o semanas. No son tareas de soporte ni de administración. Son análisis financieros complejos, estructuración de operaciones y procesos que hasta ahora requerían criterio experto y formación de alto nivel. "La primera vez que he visto impacto real dentro de mis propias cuatro paredes", afirmó.

Los PhD, no los becarios: el matiz que cambia todo

El detalle que hace especialmente relevante el testimonio de Griffin es la naturaleza del empleo afectado. No se trata de automatizar tareas repetitivas o de bajo valor añadido, sino de reemplazar el trabajo intelectual más cualificado del sector financiero: el de los analistas con máster y doctorado que diseñan modelos, evalúan riesgos y toman decisiones de inversión complejas.

Esto sitúa el debate en un terreno completamente distinto al manejado hasta ahora en la conversación pública sobre automatización e inteligencia artificial. Durante años, el consenso apuntaba a que la IA desplazaría primero los trabajos rutinarios y que los perfiles altamente cualificados quedarían a salvo durante más tiempo. Lo que describe Griffin invierte esa lógica o, al menos, la complica de forma sustancial.

De copilotos a agentes: el salto que ya está ocurriendo

La distinción entre copiloto y agente es clave para entender lo que Griffin describe. Un copiloto asiste al humano: sugiere, redacta, resume. Un agente ejecuta de forma autónoma: planifica, actúa, entrega resultados completos. Es la diferencia entre una herramienta que acelera el trabajo humano y un sistema que lo sustituye directamente en tareas complejas y de alta responsabilidad.

Ese salto no es un evento futuro. Según el relato de Griffin, ya está ocurriendo en los niveles más altos de las finanzas globales. Citadel, con sus recursos y su capacidad para atraer talento de primer nivel, se encuentra entre las primeras organizaciones del mundo en experimentarlo de forma sistemática dentro de sus propias operaciones. Desde el lado comprador, Griffin acaba de confirmar lo que análisis recientes del sector ya apuntaban: que el salto de los modelos como herramientas de asistencia a los agentes como ejecutores autónomos representa el mayor desbloqueo hasta la fecha en la aplicación práctica de la IA.

La señal está en la reacción, no en el dato

Lo más llamativo del testimonio de Griffin no es el dato técnico, sino la reacción emocional que lo acompaña. Un directivo de su perfil —acostumbrado a gestionar riesgo, incertidumbre y disrupciones de mercado a escala global— describe haber llegado a casa un viernes "bastante deprimido" tras contemplar lo que la IA agéntica ya hace en su firma. No es la reacción de alguien celebrando una ventaja competitiva. Es la reacción de alguien que comprende el alcance de lo que está viendo.

Este tipo de testimonio, procedente de uno de los gestores de activos más influyentes del mundo, añade una capa de credibilidad que los análisis de consultoras o los informes académicos no siempre transmiten. Griffin no especula sobre el futuro. Describe su propio presente.

No se ha detallado qué tareas específicas han sido automatizadas por los agentes de IA en Citadel, ni el volumen de empleo afectado dentro de la firma, ni los sistemas o plataformas concretos utilizados. que sus equipos de doctorados en finanzas tardaban meses.