El escáner de iris de Sam Altman y la trampa de gobernar el futuro con tecnología privada
¿Quién decide cómo funciona la identidad digital? ¿Y quién controla los datos biométricos que la sostienen? Estas preguntas, que hasta hace poco parecían reservadas a los especialistas en derecho tecnológico, están en el centro de una investigación recién publicada por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) en la revista internacional AI & Society —del grupo editorial Nature— en acceso abierto. El trabajo pone nombre a un fenómeno que ya está ocurriendo: la construcción de modelos de gobernanza privados disfrazados de soluciones tecnológicas.
El artículo está firmado por Andreu Belsunces Gonçalves, investigador doctoral del grupo CNSC de la UOC, y Laura Forlano, de la Northeastern University de Boston. Su objeto de estudio es World, el proyecto cofundado por Sam Altman —director ejecutivo de OpenAI— que propone verificar que una persona es humana escaneando su iris a cambio de un certificado de identidad digital.
Cuando el futuro se vende como inevitable
El núcleo conceptual del trabajo es el de las "ficciones sociotécnicas": relatos sobre el futuro que, al presentarse como inevitables y urgentes, acaban influyendo en decisiones reales de diseño tecnológico con consecuencias políticas concretas. No se trata de ciencia ficción. Se trata de narrativas que circulan en presentaciones de inversión, manifiestos de startups y declaraciones públicas, y que gradualmente normalizan que funciones propias del Estado —como la identidad— pasen a depender de sistemas privados.
Según la investigación, estos relatos ganan tracción cuando presentan escenarios futuros como inevitables y urgentes, hacen la tecnología atractiva mediante el diseño, activan emociones como el miedo y la esperanza para generar adhesión social, y normalizan que la identidad y la gobernanza dependan de plataformas privadas.
World: identidad por iris, gobernanza por contrato
El caso de World es especialmente ilustrativo. El proyecto conecta la preocupación por la proliferación de bots y la suplantación de identidad —riesgos reales, amplificados por la expansión de la IA generativa— con una propuesta concreta: escanear el iris de cada persona del planeta para certificar que es humana. A cambio, un token de identidad digital. El dispositivo que realiza el escaneo se llama 'orb'.
Lo que la investigación señala no es si la tecnología funciona o no, sino qué modelo de poder implica. Tal como lo expresa Belsunces Gonçalves: "El debate sobre la IA no es solo tecnológico, es un debate sobre qué futuros producen estas tecnologías y quién los gobernará. Proyectos como World no solo ofrecen una herramienta, sino que proponen un modelo de gobernanza que erosiona la legitimidad de las instituciones democráticas mientras presenta una alternativa privada."
La paradoja del dinero público
Uno de los apuntes más incisivos del estudio apunta a una contradicción estructural del movimiento tecnolibertario: el mismo ecosistema que rechaza la intervención del Estado y reivindica el mercado y la ingeniería como sustitutos de la política ha construido sus tecnologías con financiación pública en cantidades significativas. Lo que el investigador describe como "un proyecto que empieza en los ochenta, que rechaza la democracia, es fundamentalista del individualismo y considera que la ingeniería y el libre mercado pueden sustituir la política en la resolución de los problemas sociales", se ha desarrollado, en buena medida, sobre dinero de todos.
Un marco para leer el presente
El artículo no evalúa el impacto empírico de World sobre sus usuarios ni toma partido por o contra el proyecto. Su aportación es metodológica: ofrece herramientas conceptuales para identificar cómo determinados imaginarios de futuro modelan la infraestructura digital antes de que haya debate democrático sobre ello. El concepto de "ficción sociotécnica" puede aplicarse más allá de World: a cualquier iniciativa tecnológica que construya su legitimidad sobre escenarios futuros presentados como ineludibles.
La investigación se enmarca en las misiones de Transformación digital y sostenibilidad y Tecnología ética y humana de la UOC, y está adscrita al centro de investigación UOC-Trànsic.
No se ha detallado si el estudio contempla un seguimiento empírico de los efectos de World en los usuarios o territorios donde opera.